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No sé cuándo se inventó este concepto de «previa». Yo lo empecé a escuchar en mi adolescencia temprana, cuando nos juntábamos en una casa antes de ir a bailar y alguien empezó a llamar «previa» a ese momento. Tenía 14 años la primera vez que fui a un boliche, ¿cómo se llamaba? Fue la vez que pedí que me abrieran la Seven-Up en la cara porque mis viejos me habían enseñado eso. No fuera a ser que me metieran algo raro en la gaseosa… “Cinema”, sí, la primera vez que fui a bailar con mis amigos fue ahí, en 1994.  ¿Y ya existía ese término de «previa» o surgió en los 90? No sé, pero a mí me enseñó. Me hizo ver la importancia de prepararse para un placer mayor. Con los años pude conceptualizar eso y empezar a hablar de «disfrutar el recorrido y no los resultados».

Claro, claro que me importa el objetivo, que me pongo metas, que quiero llegar a ellas, pero no ver el recorrido sería como valorar solo los viernes. Mi vida, y ni en pedo estoy diciendo que esto deba ser una máxima, solo me refiero a mi vida chiquita, mundana, individual, se nutre más del tránsito que del logro.

Y habiendo explicado esto quiero agradecer. Estoy a menos de 48 horas de cumplir uno de los sueños de mi vida. No es moco de pavo y no me lo tomo como una cosita cualquiera. Acá estoy yo, toda ya, pensando que en dos días voy a estar pariendo mi primer libro; y en el mientras tanto, voy disfrutando. Mis amores, los que andan cerquita, se han bancado escucharme estos días, me han visto decir que no sé cómo garcha transitar el estrés, que faltan cosas todo el tiempo y todavía están faltando cositas: pero yo valoro. Valoro a mis amores que acompañan y hacen más rica la vida. Valoro al que me prepara milanesa con forma de corazón y me dice “todo va a salir bien” con un tono de voz tan creíble que me da ganas de firmar el contrato. Valoro a mi amiga que me aconseja, la que me dice “no importa si no sale como lo planeaste, nadie sabe cuál era el plan. Va a salir perfecto”. Valoro a todos los amores que me ofrecen autos, disponibilidad horaria, gauchadas, lo que necesite; a los que me prestan un proyector y ofrecen sus cámaras para filmar; y también a los que me dicen que me vuelva egoísta por unos días y saque el personaje de “Estrellita mía” por un rato. Valoro a mi hermana que está en el detalle. A mi hermano grande que me pide que le afloje a la tensión para disfrutar. Valoro los correos electrónicos que aguantan la parada, que me aguantan. Valoro el amor que sostiene este tránsito. Estoy en trabajo de parto. Y qué placer, qué verdadero placer haber aprendido a disfrutar de la previa y tener amores que la justifican.

¡Vivo la previa con felicidad! También con nervios y ansiedades varias, pero es parte del recorrido.
Gracias, amores.

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