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Hoy no tengo ganas de escribir. No. Es más, al despertarme me di cuenta de que hoy tenía  ganas de hablar, de hecho, me pasé gran parte del día intercambiando audios con mis amores. Con la que más intercambié fue con la mujer que es mi piel, “my skin”, mi hermana Victoria. ¡Jajajaja! Jamás le digo “Victoria”. Tiene tantos apodos para mí esta chiquita que es un minón: es mi “skin”, mi Litipú, Cuquita, y cuando me pongo formal, es Vicu. Pero no suelo llamarla por el nombre que le pusieron sus papás, que son los mismos que los míos. Hablamos mucho hoy (porque el intercambio de audios de WhatsApp es una manera de hablar) y pasamos por muchos temas. Fuimos desde nuestros amores actuales hasta la agujereadora de metal de nuestro viejo. Desde la mejor manera de transitar los vínculos amorosos hasta la técnica para cambiar la goma flexible del inodoro. Y siguió el día. También estuve muchos ratos hablando con el hermano de mi amigo que salió de este plano hace poco… Uf. Qué pija chiquita esto de no poder decir “mi amigo que se murió”. Pero me quiero quedar con algo que dijo su hermano: “qué bueno que estemos cerca, Ine, aunque nos hayamos reencontrado en un momento de mierda”. Y ese momento fue el velorio de mi amigo, de su hermano, pero rescato, quiero, me gusta esta idea de que Marce siga vivo en las personas que nos seguimos vinculando porque él existió. Y por la charla con su hermano volvieron a mi mente anécdotas del Chelo que no sabía que estaban en mi memoria. ¡Qué lindo traerte al presente con sonrisas, amigo! Qué linda la anécdota del día que ti un paraguazo en la cabeza… Y también estuve con mi mamá. Ella es otro “uf”. Porque mi vieja es un montón, porque mi vieja es una humana de la puta madre, una mina que vive su ser mujer. Hoy no te lo dije, ma, te lo digo mañana, pero ahora te adelanto algo: si los hijos tuviéramos la opción de ver que nuestros padres son mujeres y hombres que hacen lo mejor que pueden en la vida —como todos—, si los hijos pudiéramos ver, desde chiquitos, que nuestros padres son humanos a los que les pasan cosas, no sé si necesitaríamos tanta terapia. A mi papá lo descubrí hombre a mis 26 años. A vos te descubro como mina a mis 37. Gracias, ma. Gracias por todo lo que escuchaste y gracias por todo lo que compartís. ¿A alguno de ustedes les pasó esto de ver evolucionar el vínculo con sus padres? Porque hace una década que me viene pasando a mí y está buenísimo.

Y el día siguió. Mediado por el miedo a los truenos. No sé por qué ese miedo me da tantas ganas de un buen polvo. No sé. Seguro debe haber algo de la cultura machista en esto, pero cuando tengo miedo pienso en un abrazo masculino o en un polvazo. Pero hoy fue diferente porque el gato que tengo en custodia se asustó mucho por los truenos y yo, por protegerlo a él, tuve menos miedo. Me gustó cuidarlo, protegerlo, trasmitirle seguridad… Y después, por esa magia del WhatsApp en la que vemos si acordamos con unos o con otros, terminé cenando en casa con uno de mis ex. Y qué orgullo me da el vínculo que tengo con él. No siento orgullo por mí específicamente ni por él, es por nuestra vinculación. Porque no deja de sorprenderme —aunque el resto del mundo no lo entienda— la magia que existe entre una pareja que alguna vez fue objeto de deseo el uno y el otro, pero que luego de un trabajo de evolución, puede capitalizar toda esa confianza, esa entrega, esa intimidad y convertirla en un vínculo supremo. ¡Qué placer encontrarme con ese hombre motorizado al que ya no deseo físicamente, pero tanto quiero! Qué placer conversar con él, compartir vida.

Y en mi día también hubo conversaciones con ese hombre que tiene pareja, pero se calienta conmigo. No me puedo hacer la carmelita descalza, he jugado con eso, pero hay días en los que me irrita su ser infiel virtual. No me gustaría que me hagan eso. No me gustaría llegar a la casa que comparto con mi compañero y saber que él estuvo calentándose con otra mina… ¿Por qué lo hice otras veces y hoy no? Soy honesta: hoy estaba menos caliente.

Ahora es tarde y estoy por irme a dormir sola, pero yo, la que se despertó sin ganas de escribir, escribe porque tiene ganas de hablarte a vos, el que no quiere hablarme. Tengo tantas cosas para contarte… Me gustaría tanto que tuvieras ganas de saber cómo estoy. Porque yo, la que escribe sin ganas, tengo unas ganas poderosas y gorditas de saber cómo estás vos.

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