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El «futuro» es este sueño en formato libro, que yo construí durante años. Y la verdad, para ser honesta, lo primero que me salió fue «este sueño que tardé tantos años en lograr», pero algo me hizo ruido, me sonó ajeno, me sonó a frase impuesta. No sé si «tardé». Esa idea me suena a que algo llegó tarde y no es así. Mi libro, mi primer libro, llegó cuando llegó. Ahora. En este instante. En este momento de mi vida. En esta etapa del recorrido. Los «pudiera o pudiese» son solo posibilidades de aquello que no sucedió. Lo que sí pasa es que lo que alguna vez vi en un futuro muy lejano y, por momentos, inalcanzable, hoy está acá, en casa.

¿Alguna vez soñaron algo que creían imposible? Yo sí. Y me cagaba en la frase de Berugo Carámbula que rezaba que «los sueños se hacen realidad». También me enojaba la idea que afirma que «todo llega a quien sabe esperar». No. No creía en eso. Jamás pensé que sobre mi sueño pudiera operar un milagro. Y hoy lo confirmo. Mi sueño se cumplió porque tuve una importante cuota de suerte y porque hice mucho esfuerzo. La «suerte» vino de la mano de Osvaldo Beker. Un docente de alma, un académico con amplio currículum, un ser humano generoso que alguna vez me mandó un mensaje que decía: «Mañana nos juntamos en la confitería Van Gogh para ver tus escritos. Vos tenés que publicar». Un hombre que ejerce la generosidad con la misma eficacia con la que respira. Osvaldo respira generosamente. Y hoy, él es mi amigo… Así arrancó a concretarse este sueño que era inalcanzable, con esa cuota de suerte que tuve, con la suerte de cruzarme con Osvaldo en la vida. Y después vino el después, eso que yo llamo «esfuerzo». Trabajé duro. Corregí y reescribí. Y volví a corregir. Y volví a reescribir. Después me pasé noches largas buscando el mejor adjetivo. Después me dejé estimular por voces amadas que me decían que yo sí podía. Después ahorré para pagar mi edición. Después me dio pánico soltar mis palabras, pensar que «cualquiera» podía verlas. Después llegó el día en el que fui a retirar mis libros a la editorial que elegí. Y llegué al hoy. Un hoy que tiene fecha de presentación para mi libro. Un hoy que está lleno de ansiedad —borde Rivotril—. Un hoy que me da más ganas de escribir, de seguir escribiendo.

Los sueños pueden alcanzarse. La cuota de suerte ayuda, pero es el esfuerzo consciente el que lo logra. ¿Acaso no es el esfuerzo lo que impregna los buenos resultados? Abrazo mi logro, abrazo la suerte de haberlo conocido a Osvaldo. Abrazo mi esfuerzo con la intención de generar una emoción distinta en ustedes, los que me leen y son como yo. Somos laburantes y soñadores, somos exitosos y fracasados, somos utópicos y perdidos. Todos nosotros podemos soñar con la suerte y trabajar el esfuerzo. Todos nosotros podemos cumplir sueños y nos podemos encontrar una noche cualquiera diciendo: «el futuro ya llegó».

 

 

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