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Tuve la historia. La estaba tratando de construir desde hacía meses y no lo había logrado. Y la encontré. Sí, tuve ese momento glorioso que Susana Bilbao, escritora y amiga, me anticipó. Ella me dijo: «las historias te llegan, te las encontrás en los lugares menos pensados». Yo le creí, cómo no creerle a Susana… Y así fue como un martes cualquiera, salí de mi departamento para abrirle la puerta de calle a un amigo y me encontré con un revuelo policial. En mi edificio había una muerta. La historia había llegado a mí: tenía algo para contar. Pero no tenía tiempo, el bendito amigo y enemigo me tenía ocupada en otros menesteres.

Quince días después me llamó Agustín Condomí Alcorta, escritor y antólogo. Me proponía formar parte de una nueva antología que estaba craneando. Necesitaba casos psiquiátricos pero no de libros, los «casos» que solo son personas padecientes, las que nos podemos cruzar todos los días en la calle… O en nuestro edificio. Y yo tenía la historia.

Con un profundo agradecimiento a Agustín y a la editorial Textos intrusos, comparto con ustedes la previa de este cuento que en breve estará en las manos de todos los que lo quieran.

¡Vamos que venimos! Que viva la creación.

 

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