Seleccionar página

Lo dijo él. Un hombre guapo de 58 años al que hace años le amputaron una pierna y esta semana perdió la mitad de la otra. Lo dijo él con conocimiento de causa: la que nos conduce a los que tenemos pulsión de vida a volver a empezar. Pero en el “nunca de cero” vislumbro sabiduría. Y sí, cómo dudar de que la tiene si este tipo tiene un humor encantador desde que yo lo escucho, hace un tiempito, y ya le faltaba una gamba.

Yo no lo conozco personalmente. No me hace falta eso para sentir lo que siento cuando leo su frase del volver a empezar. No lo vi nunca, pero estoy faltando a la verdad cuando digo que no lo conozco. Porque sé de él a través de mi mamá. Y a partir de su mirada, la de ella, la de su compañera, lo voy conociendo. Porque considero válida esta forma de conocer a las personas: la que nos permiten los relatos de nuestros amados. Mi vieja me habla de Ricardo. Yo me río mucho con las ocurrencias de él. También discrepo con algunos comentarios que hace. A veces me parece exageradamente intenso. Y también le deseo cosas lindas… ¿Pienso más en mi mamá que en él cuando le deseo buena vida a este guapo? Es probable. No soy tan buena ni tan generosa.  Me ocupa más mi mamá que muchas otras cosas. Pero me puede un poco el corazón este hombre que no conozco. Y me invita a pensar con sus reflexiones. ¿Les pasó esto alguna vez? ¿Nunca se encontraron con alguien que dijera alguna frase que los llevara a replantearse cuestiones? A mí sí. A mí me pasa a menudo y me pasó hoy cuando leí que Ricardo dijo que estaba volviendo a empezar, pero nunca de cero, después de que le cortaran la mitad de la única pierna que llevaba.

¿Cuántas veces me escuché decir: “No quiero cambiar de terapeuta porque no quiero arrancar de cero con uno nuevo”? ¿En cuántas oportunidades me encontré diciendo que no me iba a separar o no iba a volver a enamorarme porque no quería empezar de cero a contar la historia de mi vida, mi abuelito, en qué falló mi crianza, de qué manera me gusta el sexo o aclarar que detesto la polenta? ¿Cuántos días de mi vida malgasté pensando que no podía cambiar de trabajo porque era terrible la idea de empezar de cero en un nuevo lugar? Y peor aún… ¿en cuántas relaciones me quedé, siendo infeliz, por el miedo de quedar en cero?

No creo ser la única que se hizo estas preguntas. Sé que no lo soy. No le pido a nadie que levante la mano, pero sé de cuántas personas he escuchado estos interrogantes. Son dudas, claro, y son válidas, aunque —creo yo— injustificadas. Lo son en mí: porque he cambiado de terapeuta, porque cambié de trabajo después de doce años y porque me enamoré —y me enamoraré— tantas veces como sea necesario hasta que me salga bien. Pero ese no es el punto. Porque cada vez que yo le metí un jaque mate a mi realidad, me encontré con el vacío, sentí que tenía que volver a empezar, me encontré en cero. ¡Qué boluda! Qué terrible boluda. Este chabón, Ricardo, acaba de ayudarme a ver que jamás puedo estar “en cero” porque estoy viva y voy viviendo. Porque hay recorrido; hay experiencias; hay aprendizajes que me llevan a lo que tengo ganas y otros, que me expulsan de lo que aborrezco, de lo que me sabe tóxico, lo que tiene olor a caca de perro estacionada. ¡Nunca es de cero!

Hace nueve años, la que era mi psicoanalista en ese momento, me dijo: “Qué lindo lo que me contás, Inés. Me decís que esta semana tuviste tres días geniales, uno de angustia injustificada y este, medio raro. Hoy me decís esto, pero hace dos años —cuando entraste a este consultorio— me dijiste que la vida para vos era dolor, que tenías un lindo personaje para el mundo, pero que a vos la vida te dolía. ¡Y hoy te preocupás por un día y medio de angustia! Esto es la vida misma. ¡Bienvenida, Inés!”. Ese día me sentí poderosa. Esa mañana creí que había encontrado una llave. Y sí, la encontré… Lo que me pasa es que a veces me olvido dónde está la cerradura. A veces me duele algo, a veces duele mucho, a veces… sé que se pasa. Ya lo aprendí. Si hay algo que sé es que “todo esto también pasará”. Y confío en la vida, pero hasta hoy no había podido ver cómo opera el pasado en esta ecuación. Hasta que no leí esa frase que reza “nunca de cero” no había visto que mi confianza en la insistencia de la vida no solo tiene que ver con lo que está por delante, sino con todo lo que hemos acumulado en experiencias.

Me da ganas este descubrimiento. Ganas de confiar en lo que fui haciendo. Ganas de apoyarme tranquila en la mujer que vengo trabajando. Ganas de apostar a los vínculos que tienen historia sana y linda. Ganas de seguir sumando. Ganas de que todos veamos lo que sí tenemos.

Gracias, Ricardo. Gracias por el aprendizaje que me diste. Ahora sí, puro y honesto (aunque nunca deje de pensar en mi mamá): ¡buena vida para vos, guapo!

Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com

Pin It on Pinterest

Share This